Recuerdo esas espantosas mañanas en las que nunca quería despertarme, hasta que mi mamá vociferaba su famoso “ya es hora” una especie de maquiavélico cántico traumatizante, cursaba el tercero o cuarto grado en la primaria, mi colegio fiscal y semi desmoronado me esperaba, para mi suerte, eso creo, a la vuelta de la esquina, me levantaba con los ojos y la bemba hinchada, si tocaba matemáticas ese día probablemente me hacia el enfermo, sin éxito desde luego, no tomaba desayuno por que “tenía miedo que me den ganas de cagar en media clase” pensaba, luego me pesaba cuando al recreo mi estomago sollozaba incansable, quizá mi actual gastritis se lo debo a esos desayunos despreciados, el asunto es que una mañana llegue a mi aula, entre, cruce ese infernal pasadizo de carpetas llenas de “cabes” y empujones, hasta que llegue donde mi único amigo: Elvis Carrasco, tenía más edad que nosotros porque había repetido dos veces, aunque eso no le quitaba que fuera un poco, solo un poco tímido, se hizo mi amigo porque un día le dije:
-tu apellido Carrasco, nada tiene que ver con Churrasco, no les hagas caso
Qué bueno que me hice amigo suyo, después creció y creció, se convirtió en mi defensor, hasta que me di cuenta mientras crecíamos que las personas nos podían ver como “marido y mujer” pero esa es otra historia.
-hola- le dije
No me respondió nada, tenía en la cara una sonrisita picarona que me daba miedo.
-hice lenguaje y religión- trate de varias formas hablar con él, pero esa sonrisa no se le quitaba, hasta que me miro con sus ojos encendidos y me dijo:
-¿alguna vez te has hecho la paja?
-no ¿qué es eso?- le respondí sorprendido, nunca había escuchado algo así
-es cuando te imaginas a una chica rubia y te sobas tu pene
Me quede sorprendido y me sentí cojudo a la vez, nunca había oído hablar de la “paja” quería preguntarle más, pero justo en ese momento entro la profesora de religión, me quede pensando, ¿era acaso esa electricidad que sentía en la punta del pene cuando veía a una pareja besándose? Ese día recuerdo que regrese a mi casa pensando en lo que Elvis me había dicho, todo era un gran problema, podía imaginarme a una chica rubia, pero ¿donde conseguiría la paja? pensaba que para hacerlo necesitaba paja de verdad. Al día siguiente no espere el odioso cántico de mamá, estaba ya listo para ir a la escuela, por fin iba a aprender algo mas, aprendería lo que era la “paja” llegue presuroso, cruce el infierno y me senté, era temprano, Elvis llego después de bastante rato de espera.
-cuéntame más- le dije, casi jadeando
-¿de qué?- me respondió extrañado
- de la paja pues
- ¿es chévere no?
-¿Cómo se hace? Le pregunte.
-ya te dije, sóbate bien y piensa en una chica rubia.
-¿tiene que ser rubia?
-supongo que sí, yo lo hago así
-¿y la paja, de donde la sacas?
-¿qué?
-de donde pues ¿hay paja en tu casa?
Elvis empezó a reírse a carcajadas, me miraba con su cara cuadrada y su nariz respingada, ya casi no podía respirar, hasta que entro la profesora de inglés y seso su risa, me dijo en voz baja:
-mira, lo voy a hacer, disimula
-¿acá? Le pregunte sorprendido sin encontrar respuesta, entonces mire, se empezó a sobar lentamente por debajo de la carpeta, hacia unos círculos sobre su pene, yo estaba nervioso, para cuando voltee a ver el ya sobaba su pene contra la carpeta, mordió sus labios con sus dientes superiores y dio un último apretón con los ojos cerrados, al terminar, con sus grandes ojos a media cortina me dijo:
- ¿ya ves? Me imagine
Recién había entendido todo, tenía que pensar en alguna chica que me gustara y no necesitaba paja para hacerlo, era grandioso, ya quería que sea salida, quería probarlo, saber que se siente, a partir de ese día mis días fueron días más pajas, años bien pajas, en verdad…



