Todos, inclusive la profesora Núñez, la más recatada de todo el colegio sabíamos que Alicia estaba embarazada, sabíamos también que era una chica mal educada, que le gustaba mucho pegarse a los hombres de grados adelantados, que no le gustaba el vóley y que tenía los ojos verdes como los de un gato… a decir verdad casi todos en el salón vivíamos pendientes de sus movimientos, era a veces tan impredecible…
Corría el año escolar como todos los años, aburrido e innecesario, era 1998 y aun faltaban dos años para salir de esa prisión, a nosotros no nos quedaba más que coquetear con las chicas del salón, jugar pelota, plajear en los exámenes y claro, ver siempre de reojo a Alicia, con su uniforme color rata siempre sobre las rodillas. Alicia no tenía amigos en nuestro salón, cuando salía a exponer nadie la molestaba, nadie tiraba papeles y nadie decía nada, ni las chicas envidiosas ni nosotros- quizá porque queríamos ver bien su forma y su rostro, para más tarde en casa, darle rienda suelta a la memoria y los deseos-.
Su rebeldía nos demostraba lo poco preparados que estábamos para ella, no como Raúl Bergman de quinto de secundaria, el estaba preparado para ella, porque era alto, blanco y sus ojos claros, además era mayor que nosotros y se apellidaba Bergman. Eran novios de vez en cuando, en las fiestas del colegio, las promociones y los paseos de medio año. Según los chicos del quinto año Raúl vociferaba todas las clases que podía que Alicia de tercero había sido suya en varias oportunidades, pero no era para sorprenderse, lo mismo decía Gonzalo Izaguirre, Sergio Elías y varios otros, estando en el colegio y siendo menores de edad eso sonaba serio, arriesgado, adrenalinico y sobre todo excitante. Creo que por todos esos comentarios que volaban por el colegio no nos atrevíamos a hablar con ella, era mucho para nosotros, era Alicia.
Recuerdo haberla visto besándose en el descampado del colegio con varios chicos, jugando a la botella borracha en los paseos a Chosica y patear la pelota como un hombre deportista. Una vez, saliendo de hacer un trabajo en la casa de un amigo que vivía cerca del colegio vi a Alicia sentada en la esquina de una calle oscura, estaba llorando, era Alicia porque su cabello castaño y sus ojos claros eran inconfundibles a distancia – a esa edad a veces creemos que la chica que más nos gusta, es la mujer de nuestra vida – me acerque a ella y con mucha timidez le dije:
- Alicia ¿estás bien?
- ¿Te parece? – dijo sin mirarme.
Era la segunda vez en mi vida que Alicia me hablaba, la primera vez le pregunte si un borrador que vi en el suelo era suyo, me contesto que “no”.
- ¿vives por acá? – le pregunte tartamudeando
- No – me dijo con la voz quebrantada y la cara mojada
- ¿quieres que te acompañe?
- No – me dijo sin parar de llorar
Mi estomago estaba por reventar y la tensión me pedía a gritos desmayarme, era tan bella, no podía perder esa oportunidad, algo mas tenía que hacer, no podría irme así nomas, esas oportunidades no se repiten fácilmente, así que me senté sobre un ladrillo a varios centímetros de ella y me quede mirándola, ella lloraba y yo la amaba, así pasaron veinte importantes minutos de mi vida, los más importantes de mis 13 años. Cuando levanto por fin el rostro y yo estaba con lágrimas en los ojos – no sé si por emoción o por los nervios – me dijo:
- ¿Qué haces aquí?
- Fui a hacer la tarea de matemáticas – le enseñe tontamente el cuaderno
- No he hecho esa tarea, es una estupidez – me dijo mientras se secaba la nariz con la manga de su chompa a rallas
- Es fácil – le dije y puse rostro de interesante, que tonto se me debió ver
- ¿vives por acá? – me pregunto mirándome, esa mirada que hasta el día de hoy no puedo borrar
- Mas o menos – le respondí sin dejar de mirarla a los ojos y le dije – no le diré a nadie en el salón que estabas llorando
- ¿Crees que eso me interesa? – me dijo en tono de reclamo y esbozando una linda sonrisa
- Supongo que no – le respondí
Nos quedamos en silencio varios minutos más, yo no pensaba irme de ahí si ella no se iba, tenía ganas de besarla y tomarme una foto, de que todos se enteren de lo que me estaba pasando, Alicia la chica rebelde, a la que nadie en el salón dirigía la palabra y de la que todos los hombres estábamos enamorados, estaba esa noche fría hablando conmigo en una esquina, me sentí de quinto de secundaria, me sentía un Bergman.
Esa Hora y media en la esquina y no sé si gracias al silencio pacifista de la noche o mi cara de persona confiable Alicia me conto que sus papas se divorciaron, que ella había repetido tercero de secundaria, que no era virgen, que tenía un medio hermano del nuevo compromiso de su papa con el que perdió la virginidad no hacía mucho, que Bergman nunca la había hecho suya, ni Izaguirre, ni Elías ni nadie, pero que sí había besado a todos ellos y más, me dijo también que su tío Ignacio vivía a pocas cuadras de esa esquina, que siempre la tocaba y la besaba, que desde ayer le enseño a fumar marihuana y que esa noche en esa esquina estaba llorando porque no le quiso dar a fumar.
Yo estaba sorprendido, excitado y más enamorado que nunca, me había confesado su vida en poco tiempo y por más cosas malas que había hecho, su rostro y su cuerpo seguían siendo bellos, eso era lo importante. Cuando terminamos de conversar o mejor dicho cuando termino de contarme su historia me dijo:
- Ya me voy –
- ¿Dónde vives? – le pregunte
- Ahorita con mi abuela, me aburre, es sorda, ya no cocina como antes, ni se da cuenta si llego o no, a mis papas no les importa – terminó de decir eso y se dió media vuelta
- Alicia ¿te puedo acompañar? – le pregunte con firmeza de varón de quinto de secundaria
- Vamos – me dijo y prosiguió – ¿tienes cigarros?
- No, pero podemos comprar.
Hicimos el intento en varias tiendas, sin éxito, aun teníamos cara de niños quizá, lo que si logramos hacer fue entrar a la casa de su abuela sin que esta se dé cuenta, nos besamos desde un par de cuadras antes de llegar a su casa, cuando estábamos en la puerta de su cuarto me toco el pene, entramos a su cuarto, que era pequeño y alborotado y olía a ropa limpia, ella me desvistió, yo no hacía nada, me besaba y yo no hacía nada, me tendió en la cama, hizo que me ponga sobre ella y empezó a moverse, yo no hacía nada, introduje en ella aun no sé cómo mi miembro y ahí recién empecé a hacer algo, me movía y me gustaba, ella gemía despacito y a los cinco minutos – quizá menos – ya había terminado, ella esbozo una vez más esa sonrisa que jamás voy a olvidar, se estiro saco un cigarrillo– acá había uno – me dijo con mucha felicidad, yo estaba de seguro con cara de estúpido, pero contento, ya era un hombre y a mi costado, mi mujer se fumaba un cigarro después del placer que le había brindado, era un hombre. Conversamos un par de cosas sin sentido, me cambie, le di un beso mal dado en la boca – como todos los que le di, porque así como fue mi primera vez, fueron mis primeros besos – y me fui feliz.
Todos, inclusive la profesora Núñez, la más recatada de todo el colegio sabíamos que Alicia estaba embarazada, sabíamos también que era una chica mal educada, que le gustaba mucho pegarse a los hombres de grados adelantados, que no le gustaba el vóley y que tenía los ojos verdes como los de un gato, pero no todos sabían cómo era en la cama, que le gustaba fumarse un cigarrillo después de hacerlo y que la única vez que lo hizo conmigo salió embarazada a decir verdad casi todos en el salón vivíamos pendientes de sus movimientos, era a veces tan impredecible…



